Para los fieles que asistimos, año tras año, a la fiesta de san José en el Santuario de san José de la Montaña, es éste siempre un día de gozo profundo e íntimo. En este año de 1996, al cumplirse los cien años de la venida a Barcelona de la beata madre Petra y de la fundación del Santuario-Hogar, ha sido, si cabe, un día de gozo mayor y extraordinario.

En un día desgraciadamente laborable, la asistencia de los devotos ha superado las previsiones de los mismos responsables de la parroquia. Había más fieles que deseaban comulgar de los que se habían previsto.

La concelebración eucarística ha sido presidida por monseñor Carles Soler Perdigó, obispo auxiliar de Barcelona. En su homilía, plenamente sintonizada con el espíritu de la liturgia de la solemnidad, nos ha hablado de la fidelidad del amor misericordioso de Dios a sus promesas de salvación. Y también de la fidelidad con la que el patriarca José cumplió, con sencillez y fe obediente, la misión que Dios le confió de esposo de María, la Virgen Madre de Dios, custodio paterno de Jesús, nuestro Salvador.

Por esto san José, patrono de la Iglesia universal y de las familias cristianas, protector de las vocaciones al sacerdocio ministerial, es nuestro poderoso intercesor, modelo para todo cristiano precisamente en el cumplimiento humilde y silencioso de la misión que Dios le confía en su vida de cada día.

Nos ha recordado las palabras del texto evangélico: «José, al despertar del sueño, hizo lo que le había sido mandado de parte del Señor». En estas palabras evangélicas, que nos hablan de cómo el Patriarca, heredero de las promesas a Abraham y a David, ejercitó su fe en sus obras, y así asumió la misión divinamente confiada de servidor de los misterios de nuestra Redención, tenemos expresado el criterio para vivir la santidad a que Dios nos llama a todos, en el cumplimiento fiel de nuestros deberes: en la vida familiar, en la profesión, en la convivencia y relación con nuestro prójimo.

Creo que este día de san José de 1996 no será olvidado por quienes hemos tenido la dicha de asistir a su celebración en san José de la Montaña. La presencia de José es siempre fuente de gozo, y en esta ocasión nos hemos sentido como acompañados por la beata madre Petra en nuestra acción de gracias y en nuestra plegaria.

Francisco Canals Vidal,
La Montaña de san José (mayo-junio de 1996) 14-15