En un sermón pronunciado en 1906, al comienzo de su vida apostólica, por el padre Ignacio Casanovas Camprubí, el insigne jesuita, que fue fundador del conjunto de obras reunidas en torno a la Balmesiana y el Foment de Pietat, afirmaba aquel que sería un apóstol fecundo y que moriría en 1936 como mártir de la fe católica:
«El pueblo cristiano tiene una especie de instinto, dado por el Espíritu Santo […], por el que forma casi sin reflexión una serie de juicios y de estimaciones sobre los misterios de la fe […], en los que, cuando son universales, nunca se equivocan, porque son norma infalible de la doctrina revelada. Es una especie de sentido común sobrenatural, en cuyos dictámenes se fundan los sentimientos universales que son la verdadera devoción popular: la que nace espontáneamente en el tiempo y modo dispuestos por la Providencia (divina); la que todo el mundo siente muy profundamente; y la que más bien va del corazón del pueblo al [del] apóstol que de éste al del pueblo; la que tiene verdadera transcendencia en su modo de pensar y de obrar, y da carácter y fisonomía a su vida cristiana. Una de estas devociones indudablemente es la devoción al glorioso san José».
Lo que escribió en 1906 el padre Casanovas coincide casi literalmente con lo que enseñó el Concilio Vaticano II sobre el «sentido de la fe del Pueblo de Dios», que guiado por el Espíritu Santo en la fidelidad a la tradición, no puede errar y tiene en este sentido sobrenatural el criterio práctico y eficaz de su vida cristiana.
El atribuir a este sentido común sobrenatural, en gran parte, la presencia de la devoción a san José entre los fieles, lo hizo también explícitamente el papa León XIII que en la encíclica Quamquam pluries de 15 de agosto de 1899, afirmó que entre el pueblo cristiano había ya avanzado y se había desarrollado el movimiento espiritual que el propio Papa con su documento venía también a aprobar e impulsar con su autoridad.
«En este asunto –el de la piedad hacia el castísimo esposo de la Virgen y Madre de Dios– del que ahora por primera vez vamos a hablar públicamente, sabemos muy bien que la devoción popular no sólo está dispuesta, sino que avanza por un camino ya emprendido, puesto que el culto a san José lo hemos visto aumentarse de modo continuo en los últimos tiempos».
Francisco Canals Vidal,
La Montaña de san José (marzo-abril de 1996) 7